Las obras de arte son productos culturales, es decir, son reflejo de la cultura de un tiempo y un espacio concreto. Pero, al mismo tiempo, la cultura de un tiempo y un espacio no es otra cosa que el último eslabón de una cadena que proviene del pasado. Es por eso que no es posible crear sin memoria, porque somos el producto de la educación que hemos recibido y del mundo en el que hemos vivido. Y en ambas cosas, el componente intergeneracional es imprescindible. El sentido de estudiar la historia del arte es comprender que cualquier movimiento artístico, cualquier autor o cualquier obra plantea un diálogo con el pasado, ya sea en forma de continuidades o de rupturas.
Dice el antropólogo argentino Alejandro Grimson que la comunicación es en la cultura, es decir, que cualquier acto comunicativo solo puede analizarse estudiando el contexto cultural en el que se ha producido. Las producciones artísticas son hechos comunicativos y, por tanto, solo pueden comprenderse conociendo el contexto en el que se crearon. Esta materia debería mostrar que también las producciones de los estudiantes son fruto de la cultura en la que se insertan y que esa cultura es, como se dijo al comienzo, el momento presente de un flujo que proviene del pasado.